A quien me diga que resolver el problema de la salud no es fácil. Que aún en los países del primer mundo no se ha resuelto, que requiere elevados presupuestos, que la gente debe valorarla y luchar por ella, y que no se resuelve con la facilidad que proponen los políticos que no gobiernan, y que se les transforma en dificultad cuando gobiernan.
A quien piense que la educación es un mecanismo complejo, y que requiere la acción de todos los eslabones de la cadena social: familia, educadores y estado. Y que aún así los resultados serán inciertos, ya que en muchas desarrolladas naciones el problema no ha sido resuelto en toda su extensión.
A quien no pretenda lograr resolver los problemas de seguridad con “slogans” resonantes pero vacíos de sentido. Pensemos que no podemos hacernos cargo de la violencia de los otros, y que solamente la aplicación de la ley iniciaría el camino de lograrla.
A quien no se vanaglorie de sus obras (escuelas, agua, caminos etc.), ya que después de todo ¿qué otra cosa tiene que hacer quien gobierna?.
A quien acepte que, lamentablemente, el mayor desgaste de sus energías gubernamentales las derrocha en luchar contra los obstáculos que la oposición le pone en el camino, en su eterna pretensión de alcanzar el poder más allá del daño que en su intento puedan provocarle al país.
A quien no pretenda distribuir la pobreza, sino estimular el trabajo para generar riqueza, ya que el único capital es el trabajo acumulado.
A quien se proponga trabajar, trabajar y trabajar sin anticiparnos la certidumbre de sus resultados.
“la salud, la educación y la seguridad nunca se logran porque un pueblo enfermo, inculto y temeroso es fácilmente domeñable.”
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jueves, 2 de julio de 2009
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